El jamón es una joya de nuestra gastronomía, no sólo por su incomparable sabor, sino también por sus cualidades nutricionales. Surgió de la necesidad de prolongar la vida útil de la carne, así nuestros antepasados inventaron este manjar.
En Andalucía tenemos la suerte de tener el jamón ibérico que se obtiene de una raza autóctona, distinta de la del cerdo común o cerdo blanco. El hábitat natural de estos cerdos se encuentra en una zona muy concreta de España, que abarca Extremadura, el sur de Salamanca y Andalucía occidental.
El jamón de cerdo ibérico se reconoce, por su pezuña negra, estilizada, una caña alargada y lleno de vetas de grasa. Según la alimentación durante el engorde determina tres tipos de jamón ibérico:
- De bellota, que es fruto de su pastoreo por la dehesa.
- De recebo, a base de una alimentación mixta, de dehesa y pienso.
- Y, de cebo, alimentado tan solo a base de pienso.

El jamón ibérico es un alimento con sus inconfundibles características organolépticas y sus propiedades nutricionales son determinantes de su calidad excepcional. Fuente de vitaminas, minerales y proteínas de alta calidad muy útiles para nuestro proceso nutricional diario.
Y, para acompañar un buen jamón solo nos hace falta un buen pan. Como nuestro campestre de Horno Al-Madain en rebanadas y tostadas ligeramente, aliñadas con un poco de aceite de oliva virgen. frotado con un poco de ajo o acompañado con tomate frotado o en rodajas.
Una mezcla beneficiosa para nuestro organismo. El pan nos aporta altas cantidades de hidratos de carbono necesarios para obtener energía rápida para estar con fuerzas y así hacer frente a la actividad diaria. El aceite de oliva es una buena fuente de ácidos grasos necesarios para el correcto funcionamiento del organismo, y es que constituye una buena fuente de omega 3. Y, el jamón ibérico una muy buena fuente de proteínas y de ácidos grasos saludables.