El cambio de hora de verano, que hemos realizado este fin del semana, normalmente genera más problemas que el de invierno. El hecho de poder descansar una hora más suele ser mejor recibido que dormir una hora menos. El reloj biológico necesita un periodo para acostumbrarse a la nueva situación. Con el cambio de hora se provoca un desajuste entre el tiempo interno y el externo, que es el que viene marcado por las agujas del reloj.
Una de las principales complicaciones que pueden presentarse son trastornos del sueño: dificultad para dormir, insomnio, o incluso, somnolencia excesiva. Un gesto que repetimos cada seis meses y que, según los expertos, cada persona afronta de una manera diferente. A algunos les invade la tristeza en invierno y sienten luego una especie de euforia cuando llega el verano y los días son más largos.
Lo que está claro es que los días serán más largos, más luz, mejores temperaturas, la Semana Santa, la Feria y las vacaciones de verano. Valdrá haber perdido una hora de sueño…
